En estas últimas semanas en Apícola Rossend hemos sufrido ataques por parte del oso Goiat en nuestras colmenas situadas en los Pirineos. En sus múltiples ataques el oso pardo ha destruido 23 colmenas, con la consecuente muerte de sus enjambres en dos emplazamientos diferentes. Tal situación nos ha obligado a instalar vallas eléctricas para evitar nuevos ataques y destrozos. 

La zona de los Pirineos está habitada por el oso desde el verano del 2016, momento en que fue liberado en el Parque Natural del Alto Pirineo, concretamente en el bosque, su hábitat preferido para refugiarse. 

A pesar de ello, desde entonces ha atacado en múltiples fincas provocando pérdidas de ganado y destrozos en propiedades privadas. Ni el collar satelital que lleva puesto para poder geolocalizarle ha evitado que el animal haya hecho destrozos, también en la Comunidad de Aragón o en Francia. El malestar de los ganaderos y agricultores pirenaicos va en aumento debido a que se prevén nuevos ataques del animal debido a la voracidad mostrada en estos últimos tiempos.

Desgraciadamente parece que tendremos que convivir con este problema. Los afectados, gente que trabajamos de campesinos, apicultores o de ganaderos no nos merecemos esta situación y además estamos con las manos atadas frente a una administración que se muestra pasiva frente a los hechos y poco o nada coordinada al respecto.

Si a la gente que vivimos en entornos rurales se nos van poniendo obstáculos, al final nos las tendremos con una despoblación acelerada en los Pirineos. Es necesario sensibilizar a la población y a los entes políticos para que se actúe y se eviten más conflictos y problemáticas que afectan, en definitiva, a los trabajadores que queremos ofrecer un producto de cualidad y que antes de la introducción del oso Goiat podíamos trabajar sin miedo a un ataque inesperado.